Las relaciones pueden ser hermosas, satisfactorias y vivificantes. Pero, a veces, también pueden ser confusas, desafiantes y estar llenas de incertidumbre. Si eres un cristiano soltero en una relación comprometida, puede que te encuentres luchando con una pregunta difícil: ¿Deberíamos romper?
No es una pregunta fácil de responder, y desde luego no hay que tomársela a la ligera. Como creyentes, estamos llamados a amar, honrar y perseguir las relaciones de un modo que glorifique a Dios. Entonces, ¿cómo sabes si merece la pena luchar por tu relación o si ha llegado el momento de dejarla ir?
Repasemos algunos factores esenciales que hay que tener en cuenta a la hora de decidir si quedarse o separarse.
1. ¿La relación te acerca a Dios o te aleja?
Una relación cristiana sana debe fortalecer tu fe, no debilitarla. Si descubres que tu tiempo con Dios ha disminuido significativamente, que tus convicciones espirituales se han visto comprometidas o que adoptas comportamientos que te hacen sentirte alejado de Dios, puede ser una señal de que esa relación no te está ayudando a crecer en tu camino con Cristo.
2. ¿Estáis creciendo juntos o distanciándoos?
Toda relación pasa por temporadas de crecimiento y lucha. Pero si constantemente os sentís desconectados, incomprendidos o como si fuerais en direcciones diferentes, quizá sea el momento de reevaluaros. Una relación que honra a Dios debería fomentar el crecimiento personal y la unidad, en lugar de crear una distancia emocional o espiritual constante.
3. ¿Estás en yugo igualitario?
2 Corintios 6:14 nos dice: "No os unáis en yugo con los incrédulos". Pero aunque ambos seáis creyentes, debes preguntarte: ¿Estás espiritualmente compatible? ¿Compartís las mismas creencias básicas, valores y compromiso con Cristo? Si a uno de vosotros le apasiona servir en el ministerio mientras que al otro le es indiferente la fe, esto puede crear tensiones a largo plazo.
4. ¿Cómo afecta esta relación a tu bienestar emocional y mental?
El amor debe traer paz, no ansiedad constante. Si te sientes agotado, inseguro o emocionalmente inestable más a menudo de lo que sientes alegría, seguridad y ánimo, plantéate si esta relación es realmente buena para ti.
5. ¿Resuelves los conflictos de forma sana y bíblica?
Todas las parejas discuten, pero la forma en que resolvéis los desacuerdos dice mucho de la salud de la relación. ¿Vuestros conflictos se resuelven con gracia, comprensión y respeto mutuo? ¿O suelen derivar en palabras hirientes, manipulación o evasivas? La forma en que manejas los conflictos puede revelar si tu relación va por buen camino o por uno destructivo.
6. ¿Hay confianza y transparencia?
La confianza es la base de cualquier relación sólida. Si hay problemas continuos de falta de honradez, secretismo o promesas incumplidas, esos problemas no desaparecerán mágicamente con el tiempo. Sin confianza, una relación no puede prosperar.
7. ¿Estáis de acuerdo sobre el futuro?
¿Ambos queréis casaros? ¿hijos? ¿Una misión vital compartida? Si tenéis diferencias significativas en la visión y objetivos para el futuroquizás sea mejor dar un paso atrás y reconsiderar si estáis realmente alineados.
8. ¿Te quedas por miedo o por comodidad?
A veces, las personas permanecen en una relación no porque sean profundamente felices, sino porque tienen miedo de quedarse solas o de volver a empezar. Si te quedas simplemente porque te parece más fácil que dejarlo ir, es una señal de alarma.
9. ¿Las personas sabias y piadosas han expresado sus preocupaciones?
Dios habla a menudo a través de sabios consejos. ¿Han manifestado tus amigos cristianos, mentores o líderes de la iglesia su preocupación por vuestra relación? Si varias personas que te quieren y siguen a Jesús te advierten, tómate en serio sus preocupaciones.
10. ¿Te sientes presionado para cambiar tu forma de ser?
Una relación debe ayudarte a convertirte en una versión mejor de ti mismo, no obligarte a cambiar tu identidad básica. Si sientes que te estás perdiendo a ti mismo o que estás comprometiendo tus valores sólo para mantener la relación, merece la pena reconsiderarlo.

11. ¿Te conformas con menos de lo mejor de Dios?
A veces, nos aferramos a las relaciones porque tememos no encontrar algo mejor. Pero los planes de Dios para nosotros son buenos (Jeremías 29:11). Si en el fondo sientes que esta relación no es lo mejor de Dios para ti, confía en Él para encontrar algo mejor.
12. ¿Compartís el mismo nivel de compromiso?
¿Os esforzáis los dos por igual para que la relación funcione? Si una persona carga constantemente con el peso mientras la otra se muestra indiferente, se crea un desequilibrio que puede provocar insatisfacción a largo plazo.
13. ¿Has rezado al respecto?
Una de las cosas más importantes que puedes hacer es llevar esta decisión a Dios. Pídele sabiduría (Santiago 1:5). Él te guiará si le buscas sinceramente.
14. ¿Ignoras las señales de alarma?
Es fácil inventar excusas para alguien a quien amamos, pero ignorar principales señales de alarma-como el comportamiento controlador, la falta de respeto o la indiferencia espiritual- pueden provocar angustias más adelante. Sé sincero contigo mismo.
15. ¿Os hacéis mejores los unos a los otros?
Proverbios 27:17 dice: "Como el hierro afila el hierro, así una persona afila a otra". Si tu relación te está ayudando a convertirte en una persona más semejante a Cristo, más alegre y más resuelta, es una gran señal. Si está haciendo lo contrario, puede que sea el momento de reconsiderarlo.
16. ¿Confías en que esta relación te llene?
Ninguna persona puede satisfacer tu alma como puede hacerlo Cristo. Si sientes que "necesitas" esta relación para sentirte completo, es posible que estés colocando tu identidad en el lugar equivocado.
17. ¿Tienes paz al respecto?
A veces, el mejor indicador de si debes quedarte o marcharte es la paz (o la falta de ella) en tu espíritu. Si has rezado, has buscado consejo y sigues sintiéndote incómodo, puede que sea el Espíritu Santo el que te está empujando a cambiar.
18. ¿Estás aguantando por el tiempo invertido?
Muchas personas permanecen en una relación simplemente porque no quieren "desperdiciar" el tiempo que ya han invertido. Pero el tiempo pasado juntos no debe ser la razón por la que te quedes si la relación no es adecuada para el futuro.
19. ¿Estás dispuesto a trabajar en ello?
Romper no siempre es la solución. Si ambas personas están dispuestas a esforzarse, buscar el consejo de Dios y crecer juntas, la relación puede restablecerse. Pero si uno o ambos no están dispuestos a hacer el trabajo, puede que no sea sostenible.
20. ¿Confías en Dios para el resultado?
Decidas lo que decidas, confía en que Dios tiene un buen plan para ti. Tanto si te lleva a quedarte y fortalecer tu relación como a alejarte, Él es fiel y te guiará hacia Su bien.
Si te cuesta conocer a cristianos piadosos y de ideas afines, puede que merezca la pena explorar Plataformas de citas cristianas como SALT, que ayuda a los creyentes se conectan con otras personas que compartan la misma fe y los mismos valores. Confía en que Dios tiene el control de tu vida amorosa y te conducirá a la persona adecuada en Su momento perfecto.
Reflexiones finales
Terminar una relación nunca es fácil, pero permanecer en la equivocada puede ser aún más duro a largo plazo. Si te preguntas: "¿Deberíamos romper?", tómate tu tiempo para rezar, reflexionar y buscar la sabiduría de Dios. Recuerda que Dios quiere lo mejor para ti, no sólo una relación, sino una relación centrada en Cristo, satisfactoria y que le glorifique.
Tanto si decides quedarte y superar los retos como si sigues adelante por separado, confía en que Dios tiene un plan mucho mayor que cualquier cosa que puedas imaginar. Y mientras navegas por las relaciones, mantén tu corazón anclado en Cristo, que es la fuente última de amor, sabiduría y paz.





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